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Alfonso Fernández-Miranda cree que "el título VIII envenena" la reforma de la Constitución Fundamentos Fdez Miranda Junta General 13-12-2017 General Espacio Fundamentos

El catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid Alfonso Fernández-Miranda abogó por reformar la Constitución, pero considera que "cuando se abre el melón del título VIII", sobre la organización territorial del Estado, "se envenena" la reforma de la Carta Magna. "Surgen temores, dijo, y además considero que no se puede hacer esa reforma para favorecer y premiar al independentismo catalán. De ninguna de las maneras, sino para racionalizar el sistema". A su juicio, la reforma sería "fácil" si sólo se abordaran cambios en materia de derechos sociales o de incremento de competencias, o el orden de prelación en la sucesión de la Corona.

Alfonso Fernández-Miranda Campoamor hizo estas declaraciones en un encuentro previo a la conferencia que ofreció esta tarde en la Junta General del Principado, en el marco de las actividades de Espacio Fundamentos. Modelos constitucionales a debate, en la que abordó Algunos problemas de nuestra forma de Gobierno. Este jueves, a partir de las 12 del mediodía impartirá un seminario en la Biblioteca del edificio histórico de la Universidad de Oviedo en el que se tratará el tema En defensa de la democracia representativa. Coordinado por el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde, en este encuentro participarán el también catedrático del mismo área Ramón Punset y del profesor titular de la misma disciplina, Miguel Presno.

 

En la imagen superior, Alfonso Fernández-Miranda, acompañado por el presidente de la Junta General, Pedro Sanjurjo, y por el coordinador de Espacio Fundamentos, Ignacio Villaverde, accede al Salón Europa, donde impartiría su conferencia. Sobre estas líneas, un momento del acto en el Parlamento asturiano. A la derecha, el seminario en la biblioteca del edificio histórico de la Universad de Oviedo, en el que además de Fernández-Miranda, participaron Ramón Punet y Miguel Presno. Fotos: José Vallina

Durante su intervención en el Parlamento asturiano, Fernández-Miranda dibujó dos escenarios de la más reciente historia política de España. El primero, de 1978 a 2005, con una fuerte tendencia al bipartidismo y en el que reinaron los "dos grandes fantasmas" de la Transición. "Verdaderas obsesiones", dijo, "el temor a una excesiva fragmentación del Congreso, la idea, equivocada como se reveló luego, de una España desgarrada, socialmente muy dividida y el consiguiente temor a que los resultados electorales deparasen un Parlamento difícilmente gobernable y se instalase una especie de inestabilidad crónica gubernamental, como había ocurrido en el parlamentarismo clásico continental, tercera y cuarta república francesa, Weimar en Alemania. Eso llevo a tomar una serie de medidas q fortalecían enormemente la posición del presidente del Gobierno de manera extraordinaria y debilitaba oposición, de manera que hubiese una enorme concentración del poder, un régimen que algunos hemos llamado ‘de cancillerato'; presidentes del gobierno que habían fagocitado al gobierno".

La segunda obsesión, "certera en este caso, pero sujeta a plazo de caducidad, era el miedo desde la idea obvia de que una democracia representativa no puede funcionar sin la intervención de partidos políticos sólidos, bien asentados, que generen un sistema estable como imprescindibles mediadores con el electorado". En consecuencia, explicó, se les dieron todo tipo de facilidades y ventajas y, desde la idea también razonable de que lo primero que había que fortalecer era la dirección de los partidos, "se tomaron medidas que abrían el riesgo de oligarquización y burocratización de los partidos". Partidos que, por otra parte, desde una visión mileranista se sentían como los únicos legitimados para gobernar, lo cual abría, a su vez, una dinámica de perpetuación en el poder y de perpetuación y de colonización de los poderes del Estado

Según el constitucionalista, todo ello tiene mucho que ver con los problemas de corrupción que van aflorando, con la profesionalización de los partidos, el alejamiento del electorado, la crisis de representatividad que estallaría con la crisis económica y el sufrimiento social que genera en el año 2008, momento en que cambia el escenario. Y cambia al producirse una fragmentación y una polarización de las fuerzas políticas que dificulta el entendimiento, el acuerdo y el consenso. "Se abre un escenario distinto para la investidura del presidente del Gobierno, para la actitud y las posibilidades de acción de la Corona en esa función de arbitraje proyectivo, nunca decisorio, en los contactos previos a la formación de Gobierno; surgen interrogantes sobre la conveniencia o no de reformar el sistema de investidura; y sobre la posibilidad de forzar, como se ha hecho en alguna medida en la reforma del Parlamento vasco y la ley asturiana para la elección del presidente del Gobierno, y sobre si eso es conveniente o no.

Alfonso Fernández-Miranda también se mostró a favor de cambiar la ley electoral, que lograría una mayor representatividad si se fuera hacia el distrito electoral uninominal al estilo del sistema británico, porque "un sistema mayoritario aísla a las minorías y puede acabar propiciando el localismo", y del desbloqueo de las listas, una medida "bastante menos peligrosa que las primarias".

Defensor a ultranza de la democracia participativa, "porque no tiene alternativa", el constitucionalista considera necesario "movernos en un espacio de transformar de esa democracia participativa, para conseguir una democracia más real, acercarla a los ciudadanos, para hacer más auténtica la representatividad política que siempre vivirá en espacios de tensión inevitables, pero "no se puede pretender sustituir la democracia representativa por una imposible democracia participativa, que genera, entre otras cosas, absoluta irresponsabilidad en quien decide". En su opinión, "la estabilidad del sistema pasaría por una cultura del pacto que no tenemos, porque los fantasmas de la guerra civil que están aún ahí, que se notan con demasiada frecuencia. Es una herida que no está cerrada". "Qué es mejor, se preguntó, "forzar un gobierno en minoría o forzar la cultura del pacto. Ahí está la gran pregunta", para la que dijo no tener respuesta.

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